Siempre he leído, sobre todo relatos de terror; tengo una buena biblioteca y aunque la mayor parte
de los libros no los haya abierto, espero tener el tiempo suficiente para poder hacerlo.
Me gusta sujetar un libro y sumergirme en el horror de lo desconocido e incomprensible. Lo
inesperado es cuando dos renglones le dan la vuelta a todo y la lectura se acelera tomando un
rumbo sorprendente. Contar algo de una manera sencilla, con las expresiones precisas, sin que
falte ni sobre ninguna palabra y que suene bien al leerlo… ¡Esa es mi meta!
Por ejemplo: Henry
Kuttner no era un novelista prolífico escribiendo género de terror, pero en su relato de 1936, "Las
ratas del cementerio" aúna toda la esencia de lo que estoy hablando.
Las novelas largas de terror entre nichos, azadones, sepultureros y empresas de pompas
fúnebres, llegan a cansar al lector, para eso prefiero el relato corto.
Mi novela de terror, se ciñe en
todo momento a la historia del hombre, rellenando con fantasía, ciencia ficción, aventura,
mitología y filosofía, los huecos en los que esta enmudece por carencia de registros. El amor
nunca debe faltar, aunque suele terminar por fuerza en tragedia. A este respecto, hago un
pequeño homenaje a Edgar Allan Poe, y su poema,” Annabel Lee”